LEGAZCUE O LEGAZKUELEGAZCUE O LEGAZKUE------ Fernando Rojo Hoy es un día triste para todos, por eso quiero compartir esta imagen que refleja mi sentimiento ante la decisión de un tribunal europeo que nuevamente nos pasa por alto nuestra independencia como nación. D.E.P. España. http://www.elecodejumilla.es/.../2013/03/bandera-lazo1.jpg Me gusta NO MAS ETA-------- actualidad y medios

jueves, 17 de octubre de 2013

ROPA MASCULINA

fragmento.,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,U(),,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,ellos llevaban camisas de cuadros, generalmente dos tallas más grandes de lo que requerían sus cuerpos más bien escuchimizados”. Además, continúa Serrano, “lo bueno de estas prendas es que se pegan al cuerpo, se remangan y dejan tatuajes y brazos bien torneados a la vista, síntomas todos de virilidad y uniforme de ese nuevo macho beta barbudo (mucho más rudo que el fallecido metrosexual), y sin embargo sensible". También a la cintura, otro clásico. © Pull & Bear También a la cintura, otro clásico. Casi de acuerdo con ella se muestra Cecilia Casero, editora de Moda de Vogue.es, a quien que no le puede tanto la nostalgia para mostrarse fan convencida de la franela: “Suman puntos hasta el infinito y da igual que haga calor, la temperatura es un estado mental a evitar cuando se trata de seducir. Nosotras llevamos años lidiando con escotes, minifaldas y tirantes en invierno y no pasa nada”. Sin embargo esta filia no supone un cheque en blanco: “Tienen que llevarse por fuera porque, de remeterla, no estaríamos hablando de un fornido leñador camuflado de vulgar hetero, sino de un ejemplar clásico de pijo madrileño. Si hay dudas al respecto, nada como buscar el logo en el bosillo izquierdo para sacar más información. Es infalible”. Al margen de su indudable infalibilidad sexual “son especialmente recomendables para los chicos que no saben demasiado de moda porque con una camisa de cuadros y unos vaqueros pueden estar seguros de que tienen la ropa de su lado vayan donde vayan”, nos cuenta Beatriz García, directora de la web de S Moda, también cuestionada al respecto. “Las camisas de cuadros triunfan porque dan una imagen sencilla, casi familiar, de confianza... Son muy viriles, pero a la vez denotan cierta sensibilidad, como Fleet Foxes, como el hombre 10 de hoy en día... A mi me gustan especialmente las de felpa suavecitas. Están pidiendo a gritos un abrazo”. Y del abrazo a lo otro hay un trayecto pequeño. Volvemos a la séptima palabra de este párrafo. Hemos cerrado un círculo virtuoso. La razón de que este artículo pudiera estar perfectamente escrito en 1992, en 2022 u hoy mismo es que “El cuadro es un estampado que nunca pasa de moda”, nos apunta Joana de la Fuente, directora de Moda de GQ. En su opinión, sirve lo mismo para fomentar el look asilvestrado del que las anteriores encuestadas se han mostrado tan partidarias como para desenfadar “el look de un pijo, puesto que se puede combinar con un vaquero o con un pantalón de pinza y siempre queda actual”. Sí, chicos, algunas no os quieren, pero hay mercado para casi todos. O no, pero con camisa de cuadros es más fácil. Una vez que estáis ya convencidos después de unánime aceptación por parte de las mujeres que saben de esto, víctimas potenciales vuestras todas cualquier viernes que no os hayáis echado demasiada colonia, creemos conveniente reforzar el tratado haciendo un poco de memoria y estudiando su origen histórico e influencia. A ello nos ayuda Cayetana Villegas, coordinadora y productora de Moda de GQ: “El poder de la camisa de cuadros es tal que desde su nacimiento (en 1850 Woolrich presentó la camisa Buffalo, a cuadros en dos tonos) ha sido usada por los hombres más testoterónicos y rudos del planeta. A saber: leñadores, cowboys, granjeros y camioneros”. Debido a la fascinación generada desde su mismo alumbramiento, pronto otros grupos sociodemográficos decidieron apropiarse de la prenda creando aún más mitos eróticos alrededor de ella: hippies, surfistas (los Beach Boys posaban con camisas de cuadros en la portada de ‘Surfer Girl’), estrellas del rock, skaters, hipsters o los ya mencionados grunges. Otro círculo que se cierra. Para acabar sólo un par de detalles que te ayudarán a redondear el look perfecto para ligar (o para que no me dejes), que dirían Los Planetas: “Botas, bien; camiseta blanca debajo, bien; barba, muy bien; gafas de pasta y tatuaje, habría que valorarlo. La línea que separa al fornido leñador de un moderno impostor es delgada pero infranqueable”, sentencia Cecilia Casero. Seguir a @albertomoderno VER COMPLETO EN ellos llevaban camisas de cuadros, generalmente dos tallas más grandes de lo que requerían sus cuerpos más bien escuchimizados”. Además, continúa Serrano, “lo bueno de estas prendas es que se pegan al cuerpo, se remangan y dejan tatuajes y brazos bien torneados a la vista, síntomas todos de virilidad y uniforme de ese nuevo macho beta barbudo (mucho más rudo que el fallecido metrosexual), y sin embargo sensible". También a la cintura, otro clásico. © Pull & Bear También a la cintura, otro clásico. Casi de acuerdo con ella se muestra Cecilia Casero, editora de Moda de Vogue.es, a quien que no le puede tanto la nostalgia para mostrarse fan convencida de la franela: “Suman puntos hasta el infinito y da igual que haga calor, la temperatura es un estado mental a evitar cuando se trata de seducir. Nosotras llevamos años lidiando con escotes, minifaldas y tirantes en invierno y no pasa nada”. Sin embargo esta filia no supone un cheque en blanco: “Tienen que llevarse por fuera porque, de remeterla, no estaríamos hablando de un fornido leñador camuflado de vulgar hetero, sino de un ejemplar clásico de pijo madrileño. Si hay dudas al respecto, nada como buscar el logo en el bosillo izquierdo para sacar más información. Es infalible”. Al margen de su indudable infalibilidad sexual “son especialmente recomendables para los chicos que no saben demasiado de moda porque con una camisa de cuadros y unos vaqueros pueden estar seguros de que tienen la ropa de su lado vayan donde vayan”, nos cuenta Beatriz García, directora de la web de S Moda, también cuestionada al respecto. “Las camisas de cuadros triunfan porque dan una imagen sencilla, casi familiar, de confianza... Son muy viriles, pero a la vez denotan cierta sensibilidad, como Fleet Foxes, como el hombre 10 de hoy en día... A mi me gustan especialmente las de felpa suavecitas. Están pidiendo a gritos un abrazo”. Y del abrazo a lo otro hay un trayecto pequeño. Volvemos a la séptima palabra de este párrafo. Hemos cerrado un círculo virtuoso. La razón de que este artículo pudiera estar perfectamente escrito en 1992, en 2022 u hoy mismo es que “El cuadro es un estampado que nunca pasa de moda”, nos apunta Joana de la Fuente, directora de Moda de GQ. En su opinión, sirve lo mismo para fomentar el look asilvestrado del que las anteriores encuestadas se han mostrado tan partidarias como para desenfadar “el look de un pijo, puesto que se puede combinar con un vaquero o con un pantalón de pinza y siempre queda actual”. Sí, chicos, algunas no os quieren, pero hay mercado para casi todos. O no, pero con camisa de cuadros es más fácil. Una vez que estáis ya convencidos después de unánime aceptación por parte de las mujeres que saben de esto, víctimas potenciales vuestras todas cualquier viernes que no os hayáis echado demasiada colonia, creemos conveniente reforzar el tratado haciendo un poco de memoria y estudiando su origen histórico e influencia. A ello nos ayuda Cayetana Villegas, coordinadora y productora de Moda de GQ: “El poder de la camisa de cuadros es tal que desde su nacimiento (en 1850 Woolrich presentó la camisa Buffalo, a cuadros en dos tonos) ha sido usada por los hombres más testoterónicos y rudos del planeta. A saber: leñadores, cowboys, granjeros y camioneros”. Debido a la fascinación generada desde su mismo alumbramiento, pronto otros grupos sociodemográficos decidieron apropiarse de la prenda creando aún más mitos eróticos alrededor de ella: hippies, surfistas (los Beach Boys posaban con camisas de cuadros en la portada de ‘Surfer Girl’), estrellas del rock, skaters, hipsters o los ya mencionados grunges. Otro círculo que se cierra. Para acabar sólo un par de detalles que te ayudarán a redondear el look perfecto para ligar (o para que no me dejes), que dirían Los Planetas: “Botas, bien; camiseta blanca debajo, bien; barba, muy bien; gafas de pasta y tatuaje, habría que valorarlo. La línea que separa al fornido leñador de un moderno impostor es delgada pero infranqueable”, sentencia Cecilia Casero. Seguir a @albertomoderno